Si hemos cedido la política monetaria a la CEE, tanto en
las decisiones relativas al tipo de interés como en la oferta monetaria,
o sea, la capacidad de emitir moneda nueva. Si la política fiscal, o
sea, la capacidad del Gobierno para aplicar nuestros recursos a ciertos
incentivos, proyectos o subvenciones en determinados sectores o
actuaciones, está sujeta a reglas muy estrictas por parte de la CEE y
si no podemos inyectar una jeringuilla a la yugular del consumo
doméstico porque los procesos de asignación son corruptos, ineficientes y
serían políticas que aumentaría el déficit. No me queda más que
preguntar… ¿Qué margen de gobernabilidad económica nos queda sobre
nuestro propio país? Y es más ¿No seremos la ciudadanía una lágrima
compungida que cae en el río caudaloso de la iniquidad de los políticos,
y por tanto, de los especuladores financieros, banca y grandes
empresas?
Por cierto, el ciudadano en democracia siempre cree que
el sistema les asistirá y ante situaciones como las antes descritas sólo
le cabe consolarse con La Religión, La Justicia o con ambas, sin
embargo la más plausible y cercana es La Justicia. Si el sistema
judicial nos falla, se corrompe o tiene que pagar pleitesía a los
políticos y sus protegidos… Yo dimito de la democracia.
Francisco Vicente Agulló Sánchez.
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