Mostrando entradas con la etiqueta competitividad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta competitividad. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de abril de 2012

VALENCIA, ARCO Y CORREDOR MEDITERRÁNEO.


Mi manual de Estructura Económica Española de la UNED en Elche (a la que no puedo dejar de homenajear desde estas líneas por su 40 aniversario, cumplidos recientemente) definía como un eje de expansión económica al “Arco Mediterráneo” con límites discutibles pero que como mínimo incluía a Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia, algunos autores incluso integraban a algunas provincias  orientales de Andalucía entroncando con la estructura industrial del norte, con Aragón, La Rioja, Navarra y el País Vasco.

Se decía que tenía siete expresivas propiedades:

1) Su estructura lineal en el espacio litoral con productividad en un conjunto de ciudades cuya comunicación constituye una característica básica del eje de desarrollo con un elevado número de núcleos intermedios de población.
2) Una actividad agraria competitiva con capacidad exportadora.
3) Un modelo industrial basado en la iniciativa autóctona y endógena con capacidad competitiva y exportadora.
4) La inversión exterior en el tejido industrial.
5) El papel decisivo del sector turístico.
6) El dinamismo que se ha logrado en todas las vertientes productivas (agricultura, industria y servicios).
7) El “Arco Mediterráneo” se ha articulado por el desarrollo de las vías de comunicación.
¿Dónde queda el virtuosismo económico de la Comunidad Valenciana en estos días? ¿Simplemente ha desaparecido toda esa acumulación de trabajo en diferentes sectores? ¿Ya no somos la definición de ese eje económico expansivo con la que nos definían? ¿Ya no merecemos un corredor mediterráneo, o sea, unas comunicaciones exportadoras y dinámicas? Si es así, ¿quiénes son los responsables y por qué?.

Francisco Vicente Agulló Sánchez.

Opinión Publicada en:
04-04-12 - LA VANGUARDIA
05-04-12 - INFORMACION (Opinión destacada)








viernes, 3 de febrero de 2012


FUSIONES BANCARIAS EN CONTRA DE LO IDÍLICO.
El sistema capitalista siempre ha promovido que los mercados sean privados y de libre acceso a las empresas. El argumento principal es que la competitividad, entre empresas privadas para conseguir la cuota de mercado suficiente que asegure su estabilidad económica indefinida,  fomenta la eficiente asignación de los recursos. O sea, la producción, de bienes y servicios, con la premisa de que el consumidor pagará el precio justo con el beneficio empresarial exacto para la permanencia indefinida de la empresa.
Todo este argumento es idílico económicamente. Pero nos encontramos con auténticas bofetadas en la cara cuando analizamos la pura realidad.  Existen muchos ejemplos (Energéticas, Comunicación, Tabacaleras, Petrolíferas… etc.) pero hoy quiero referirme a un sector que nos afecta a todos y que especialmente debería ser idílico en el sentido apuntado anteriormente: Los Bancos y Entidades Financieras.
Con las fusiones propuestas por este gobierno únicamente se produce un recorte de la libre competencia, un predominio de pocos sobre un mercado estratégico y una mayor dependencia estatal sobre los pocos oligopolistas que resulten de las fusiones. Al ciudadano le huele a chamusquina, más aún cuando en los últimos años los organismos encargados de verificar el buen funcionamiento de estas empresas u oligopolios (Comisión Nacional de la Competencia, Banco de España  o Institutos de Finanzas de las Comunidades) han fallado escandalosamente en el ejercicio de sus funciones con repercusiones irreparables para los ciudadanos españoles.