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martes, 22 de mayo de 2012

LOS BANCOS SON INFAMES

Francisco Vicente Agulló Sánchez

Los bancos al final son infames

Últimamente y por la situación económica del país es frecuente encontrarse que por efecto de las ejecuciones bancarias nos encontremos con desahucios de viviendas, con familias, parejas o solteros que se quedan en la calle, casi mendigando y muy cerca de la miseria. Puede ser que los que no nos encontramos en esa situación pensemos que «ellos se lo han buscado». Sin embargo, rascando un poco más en la superficie de tal situación nos hallamos con una explicación diferente, simplemente que les han dado los fondos suficientes para tener una vida propia, una ilusión de la cual vivir o una vida repleta de adversidades pero llena de trabajo, unión y esperanza. Puede ser que las entidades financieras se equivocaran y hayan realizado una «mala praxis bancaria», puede ser que formaran, sin quererlo o queriendo, familias con un hogar sin los recursos necesarios, puede ser que sus expectativas fueran mucho mayores de las realmente acaecidas. Aparte de lo anterior, lo que es infame y repugnante es que los bancos una vez que han desahuciado a las personas, encima, no cumplan con sus obligaciones como propietario, aquello a que les obliga la legislación española y no paguen sus recibos de comunidad de propietarios, impuestos sobre bienes inmuebles ni se haga cargo de las obligaciones inherentes a la propiedad adquirida tan escabrosamente. 

Opinión Publicada en:

jueves, 12 de abril de 2012

UN PRESIDENTE DEL GOBIERNO NO PUEDE SALIR CORRIENDO...

Mejor no digo nada, que miento

En su discurso de investidura el señor Rajoy literalmente prometió “decir siempre la verdad, aunque duela; decir la verdad sin adornos ni excusas, llamar al pan, pan y al vino, vino”.
También se explayó diciendo que “plantearemos un Pacto por la Sanidad con todos los partidos políticos, Administraciones públicas y profesionales implicados”. En otro párrafo se escucha: “Para mi Gobierno no habrá españoles buenos y malos. Habrá españoles, todos iguales, todos necesarios, todos dignos de respeto, todos capaces de ayudar en la tarea común”.
Le puedo asegurar al señor Rajoy que en ninguna parte de su alocución ante el Parlamento se escucha: “saldré por la puerta posterior para no responder a las preguntas de los medios de comunicación, huiré de los periodistas y así evitaré el vínculo sano y democrático de la prensa con la población”. A lo mejor teme que se incumpla su discurso de investidura. O sea, que si no dice nada no miente.
Lo siento, pero creo que el señor Rajoy está corrompiendo lo más profundo y sagrado de su discurso, la honestidad ante todos los españoles.— Francisco Vicente Agulló Sánchez.

Publicado en:
13-04-12 - EL PAIS
14-04-12 - INFORMACION 
 

viernes, 3 de febrero de 2012


FUSIONES BANCARIAS EN CONTRA DE LO IDÍLICO.
El sistema capitalista siempre ha promovido que los mercados sean privados y de libre acceso a las empresas. El argumento principal es que la competitividad, entre empresas privadas para conseguir la cuota de mercado suficiente que asegure su estabilidad económica indefinida,  fomenta la eficiente asignación de los recursos. O sea, la producción, de bienes y servicios, con la premisa de que el consumidor pagará el precio justo con el beneficio empresarial exacto para la permanencia indefinida de la empresa.
Todo este argumento es idílico económicamente. Pero nos encontramos con auténticas bofetadas en la cara cuando analizamos la pura realidad.  Existen muchos ejemplos (Energéticas, Comunicación, Tabacaleras, Petrolíferas… etc.) pero hoy quiero referirme a un sector que nos afecta a todos y que especialmente debería ser idílico en el sentido apuntado anteriormente: Los Bancos y Entidades Financieras.
Con las fusiones propuestas por este gobierno únicamente se produce un recorte de la libre competencia, un predominio de pocos sobre un mercado estratégico y una mayor dependencia estatal sobre los pocos oligopolistas que resulten de las fusiones. Al ciudadano le huele a chamusquina, más aún cuando en los últimos años los organismos encargados de verificar el buen funcionamiento de estas empresas u oligopolios (Comisión Nacional de la Competencia, Banco de España  o Institutos de Finanzas de las Comunidades) han fallado escandalosamente en el ejercicio de sus funciones con repercusiones irreparables para los ciudadanos españoles.